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Clase 2. Conflictos y tensiones en la Guerra Fría

El bloqueo de Berlín

En Europa, la primera crisis de la Guerra Fría se manifestó en la inmediata posguerra, tras la partición de Berlín y del territorio alemán en cuatro zonas. Alemania, vencida, fue privada de su gobierno y fue ocupada por los ejércitos de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y la Unión Soviética. Los antiguos aliados decidieron “desnazificar” Alemania, y en el juicio de Núremberg fueron condenados los principales criminales de guerra nazis.

En 1948 Stalin clausuró todos los accesos terrestres, vías férreas y canales de Berlín, la capital alemana, que estaba situada en la zona de ocupación soviética. Es decir, dispuso el bloqueo y estableció controles para cortar el tráfico de mercancías y de pasajeros, por trenes y carreteras. Truman respondió a estas medidas estableciendo un puente aéreo de 24 horas diarias para abastecer de provisiones y combustible a la parte occidental de la ciudad. Durante casi un año, los aviones angloamericanos respondieron al desafío ruso, con el transporte de artículos por vía aérea.

En un solo día, en agosto de 1961, los soviéticos construyeron, en Berlín, un muro de cemento de 48 km., que dividió la capital alemana y constituyó el símbolo de la Guerra Fría en Europa. El muro de Berlín, posteriormente reforzado con minas y barreras, separó familias, amigos y vecinos, y cerró las fronteras entre las dos Alemanias (la República Federal y la República Democrática), hasta 1989.

La revolución húngara de 1956

El líder comunista húngaro Imre Nagy, primer ministro entre 1953 y 1955, fue desplazado por el régimen soviético, que lo acusó de reformista. Los húngaros, cansados de la tutela soviética, en octubre de 1956 exigieron en Budapest el fin de la ocupación soviética. Sus objetivos principales eran, entre otros, lograr una Hungría independiente, con elecciones democráticas, libertad de prensa, de religión, derecho de huelga, pero sin abandonar el sistema socialista. La insurrección se extendió a todo el país. Nagy encabezó el nuevo gobierno, pero, con la invasión de los tanques y tropas soviéticas, la revolución fue vencida. Miles de húngaros murieron en la contienda, decenas de miles fueron deportados a la URSS o emigraron y Nagy, como otros miles, fue ejecutado por los invasores.

La guerra de Corea

La guerra de Corea en la década de 1950 marcó un proceso de profundización de la Guerra Fría y la aplicación de la doctrina de contención, por parte de los Estados Unidos, para detener la expansión del comunismo en Asia.

Durante cuarenta años, la península de Corea estuvo bajo dominio japonés. En la posguerra quedó dividida por el paralelo 38º, en dos zonas de influencia: el norte, bajo la hegemonía soviética y el sur, dominado por la estadounidense. En 1950, fuerzas coreanas del norte cruzaron el paralelo e iniciaron la invasión de Corea del Sur. La crisis precipitó la intervención del Consejo de Seguridad de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) para resolver el conflicto, pero la URSS había abandonado el organismo, ante la negativa norteamericana de aceptar a China como miembro del mismo. El presidente Truman, frente a la ausencia del delegado soviético, obtuvo la autorización de las Naciones Unidas para intervenir en Corea. Las tropas estadounidenses estacionadas en Japón –dirigidas por el general Douglas MacArthur– lanzaron una contraofensiva hasta las fronteras de China, con la intención de obtener una “Corea unificada y democrática”, mediante el aniquilamiento del régimen comunista del norte. Pero el avance estadounidense provocó la intervención del gobierno chino, que envió a miles de soldados a repeler a los norteamericanos. MacArthur solicitó la autorización para llevar la guerra contra China e incluso planteó la necesidad de arrojar una nueva bomba atómica, pero el presidente Truman lo destituyó. La guerra finalizó en 1953, con el restablecimiento de la división territorial por el paralelo 38º.

La carrera armamentista y las organizaciones internacionales político-militares

La Guerra Fría fue una disputa ideológica y una verdadera confrontación entre dos sistemas económicos y políticos: el capitalismo y la democracia occidental frente al del comunismo, cuya influencia se extendía en Europa del Este. La carrera armamentista fue su aspecto más visible, e implicó el desarrollo de la capacidad de destrucción por parte de los Estados Unidos y de la URSS. La competencia por lograr la supremacía atómica dio lugar al denominado “equilibrio del terror”.

La ventaja inicial de los norteamericanos –que hasta 1949 mantuvieron el monopolio del armamento nuclear– fue alcanzada por los soviéticos, que, en 1953, produjeron la bomba de hidrógeno. Esta última, más potente que las arrojadas en Japón, fue cuestionada por algunos científicos como Albert Einstein, quienes advirtieron sobre los peligros de aniquilación general. Pero la carrera continuó y en los años setenta se instalaron bases misilísticas en toda Europa. Como consecuencia, ambas superpotencias distorsionaron sus economías con crecientes gastos de defensa y una costosa producción armamentista. En los Estados Unidos contribuyó a conformar el llamado “complejo militar-industrial”, que bajo el supuesto de un posible ataque militar soviético, propició la venta de armas a los países aliados.

En 1949 se creó la OTAN, alianza defensiva occidental integrada por doce países, que significó una militarización de la política de contención. Según la URSS, la alianza significaba una violación al espíritu de la ONU, que debía resolver los desacuerdos internacionales a través de su Consejo de Seguridad. En 1955 se conformó el Pacto de Varsovia (acuerdo militar soviético con los países del bloque socialista, firmado en la capital de Polonia). Los intereses de ambos bloques fueron defendidos por medio de la propaganda, la diplomacia y el espionaje, en una atmósfera de temor y sospechas mutuas. La actuación de los Servicios Secretos británicos, la CIA estadounidense (Agencia Central de Inteligencia) y el KGB soviético (Comité para la Seguridad del Estado), comprometió a sus respectivos países en escándalos de espionaje. Estos organismos contribuyeron a sostener el clima de desconfianza general, al sugerir, por ejemplo, el robo de secretos atómicos por agentes soviéticos infiltrados en los más altos niveles de los gobiernos de Occidente.

La conquista del espacio

También la competencia tecnológica –desarrollada en la carrera de armamentos y la conquista del espacio– permitió a las dos potencias expresar su poderío. La carrera espacial fue otro frente de la Guerra Fría.

Los soviéticos se adelantaron a los norteamericanos con el primer lanzamiento de un satélite artificial (el Sputnik I, en 1957) y luego el Sputnik II con el primer pasajero a bordo, –una perra llamada Laika– que realizó una órbita alrededor de la Tierra. También los rusos enviaron el primer hombre al espacio (Yuri Gagarín) en 1961. Los Estados Unidos crearon la NASA para la exploración espacial y programaron, como meta, la llegada del hombre a la Luna, propósito que lograron, en 1969, tres astronautas estadounidenses, en el Apollo 11

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