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Clase 3 – La historia reciente como subdisciplina de la historia

Como vimos, historia coetánea, es decir, historia que se escribe sobre acontecimientos recientes o contemporáneos a los historiadores que la redactan, hubo siempre. Pero como el peso de lo establecido por el positivismo fue muy fuerte, recién en el último cuarto del siglo XX surgió la historia reciente como subdisciplina del campo académico de la historia. La comunidad científica de los historiadores estableció nuevos procedimientos para tratar de asegurar que la historia muy contemporánea sea lo más objetiva posible.

Una comunidad científica está constituida por aquellos profesionales que practican una especialidad, han recibido parecida educación y leído los mismos libros, enseñan colegiadamente a sus sucesores, mantienen cierta comunicación interna a través de sociedades, congresos, revistas y otras vías menos formales, sobre la base de una relativa –por su diversidad– pero efectiva unanimidad de juicios sobre el oficio (Barros,1996).

En cuanto al nombre, muchos la llaman historia del tiempo presente (designación originada en Francia), otros historia muy contemporánea (en Gran Bretaña); en España historia del mundo actual. Historia inmediata se refiere en general a la que está limitada a un período muy corto de tiempo hacia atrás, aproximadamente una década. Hay muchas denominaciones que tienen tal vez una connotación más o menos similar, pero adoptamos por su amplitud el nombre de historia reciente

Características de la historia reciente

La historia reciente es un campo de investigación en construcción, cuya particularidad es que no tiene un plazo cronológico, definido en el tiempo hacia atrás desde el presente actual, que se constituya en su límite. Éste puede variar según el eje de estudio o las problemáticas que se aborden. Su verdadero límite es la vida: puede existir historia reciente mientras hayan personas vivas que puedan contar su subjetividad sobre la etapa que investigamos, que la vivieron o de la cual fueron testigos. Si bien puede escribirse historia inmediata sin auxilio de testimonios orales, sólo con fuentes escritas y audiovisuales sea periodísticas, documentales, jurídicas, de medios masivos, documentación difundida por internet por fuentes como Wikileaks, en general el papel de los testimoniantes tomó tanta importancia que se ha llegado a denominar a este momento historiográfico como “la era del testigo”.

Otro requisito es que ese período se sienta como algo todavía presente en la sociedad. Por eso hablábamos al principio de este capítulo del pasado que no pasa. Esto sucede en general tras procesos traumáticos sufridos por un pueblo o una comunidad. En ocasiones, la herencia del miedo y el poco tiempo transcurrido después de los acontecimientos dolorosos (y en muchos casos la imposición o el consenso tácito) hizo que esas cuestiones no se tocaran o se les atribuyeran causas externas para garantizar “la paz social”.

Así, el período de la historia reciente no está reducido a los últimos diez, treinta o cincuenta años, sino que éste depende de la necesidad de investigación que haya sobre una época determinada y los silencios que hayan pesado o que siguen pesando para no tratar en general en la sociedad abiertamente o desapasionadamente esa etapa de la historia.

Al ser estos temas necesarios para la sociedad, porque justamente la historia reciente trata de indagar hechos que se ocultaron, existe demanda social para que los historiadores colaboren en la tarea de investigar buscando la verdad de lo acontecido.

El combate por la historia reciente se mezcla con el combate por la verdad y la justicia. Si bien el historiador no es un testigo, ni un notario, ni un juez, sino un intérprete, en muchos casos los historiadores o los investigadores en historia reciente son convocados por los jueces a testimoniar en juicios por crímenes de lesa humanidad, para que los jueces tengan una explicación más general de lo acontecido.

El campo de la historia reciente en la argentina y en el mundo

El historiador británico Eric Hobsbawm señala: “A pesar de todos los problemas estructurales, es necesario escribir la historia del tiempo presente. Además, no hay elección. Es preciso realizar las investigaciones en este campo con las mismas cautelas, y siguiendo los mismos criterios que para cualquier otro campo, aunque no sea más que para rescatar del olvido y, acaso, de la destrucción las fuentes que serán indispensables para los historiadores del tercer milenio”.

En Argentina cuando se habla de historia reciente se piensa en los temas atravesados por las luchas por los cambios ideológicos, políticos, sociales, económicos y culturales desde comienzos de la década de 1970 y la represión que le siguió, así como la transformación de un modelo de país basado en el proteccionismo industrial y la solidaridad social, a un modelo librecambista, individualista y desigual.

En España la historia reciente se remonta a la década de 1930, y sin embargo sus estudios comenzaron recién en la década de 1990. La Guerra Civil Española ocurrió entre 1936 y 1939 y los crímenes que el franquismo cometió durante la guerra y posteriormente todavía hoy son objeto de fuertes debates y controversias.

En Francia la historia reciente investiga fundamentalmente el período de la Segunda Guerra Mundial, con la controvertida participación con el nazismo del régimen autoritario de Vichy. Durante este gobierno se reprimió duramente y se despidieron de los puestos de trabajo a los judíos; la famosa revista de historia Annales tuvo suspendida su publicación hasta que el historiador Marc Bloch fuera excluido de la misma. Su director Lucien Febvre aceptó esto para continuar con la revista. No comenzó una revisión de la complicidad civil del período hasta después del Mayo Francés (1968).

En Italia no hubo intentos serios de estudiar al fascismo hasta 1974: recién cuando un historiador conservador valoró la participación del pueblo en ese régimen italiano, investigadores antifascistas asumieron el reto de analizar esos y otros aspectos del régimen de Mussolini.

En Alemania también, después de la Segunda Guerra, se le adjudicó toda la responsabilidad a Hitler y a un grupo selecto que lo secundó, así como también se atribuyeron culpas y responsabilidades al deterioro moral y de valores que tuvo como consecuencia la Primera Guerra Mundial. Se trataron de recuperar los rasgos positivos de la identidad alemana de siglos anteriores, y no se trataron públicamente los crímenes del Holocausto judío hasta que las nuevas generaciones, ya no comprometidas con el genocidio, empezaron a indagar críticamente.

Como vemos, en general después de acontecimientos tan traumáticos es difícil que se rompa el pacto de silencio en forma más o menos inmediata, y su historia entra en un período de “latencia”, hasta que puede ser narrado por las víctimas o por los testigos, y que encuentre historiadores que lo escriban.

Página/12, 13 de noviembre de 2011

La historia del español que inicio la demanda por los crímenes del franquismo

Por Rocío Magnani

Darío Rivas se despidió de su padre a los nueve años, cuando lo subieron a un barco rumbo a Buenos Aires. Lo volvió a perder a los 17, fusilado por oficiales franquistas, según le comunicaron en una carta; y le dijo adiós, por tercera vez, hace seis años, en el cementerio de Loentia, Galicia, donde logró enterrarlo tras décadas de búsqueda. Pero el hombre, gallego de raza, no se conforma ni olvida. Tiene casi 92 años y encabeza en la Argentina, donde vivió casi toda su vida, una denuncia para que los crímenes del franquismo no queden impunes. Pide justicia por su padre, Severino Rivas, que fue alcalde del ayuntamiento Castro de Rei, en la provincia de Lugo, cuando lo detuvieron y luego fusilaron “por traición a la patria”, el 29 de octubre de 1936.

[…] Denunció que a más de 75 años del inicio de la Guerra Civil, “los culpables no han sido juzgados, el gobierno de España no busca a sus desaparecidos y muchos niños secuestrados no conocen su verdadera identidad”. “Eso es una vergüenza, no de España sino de la humanidad –cree Rivas–. Es dejar vivo el antecedente de un genocidio impune que van a pagar las generaciones futuras. Por eso, si no lo hacen ellos, como debería ser, lo haremos desde aquí”, desde Argentina. “Lo haré yo, un viejo, desde Ituzaingó”, se ríe.

“(Francisco) Franco prometió antes de morir que detrás de él todo iba a quedar ‘bien atado’. Y así fue. En España siguen viviendo la dictadura franquista. El hizo las leyes, nos impuso el tipo de gobierno que quiso (monarquía parlamentaria) y nombró al rey (Juan Carlos de Borbón) como su sucesor. Dos años después de su muerte, en 1977, los funcionarios de la Falange sancionaron la Ley de Amnistía, que establece que nadie puede ser juzgado por crímenes políticos cometidos en esa época. Y desde entonces no cambió nada”, asegura Rivas a Página/12. […]

–Su padre, ¿ya era alcalde cuando usted emigró?

–No, eso fue unos años después, pero mi padre ya era un hombre de respeto. Cuando la República ganó las elecciones, lo primero que él hizo como gobernante fue traer un maestro del Estado y habilitar nuestra casa para poner la escuela. No cobraba ni alquiler, ni nada. En una oportunidad en que llego a España, un amigo mío me dice: “Oye, yo estudié en tu casa”. Y yo: “Mira qué negocio, tú estudiaste en mi casa, y yo tuve que hacer 12 mil kilómetros para ir al colegio”. Cuando llegó Franco, a los primeros que mataban era a los maestros, porque como daban un poco de inteligencia, los calculaban comunistas, rojos o lo que sea.

–Y él era socialista, ¿no?

–No. Ahí te equivocás, nena. A él le gustaba ayudar a los pobres y practicaba el socialismo del corazón. […] Hace algunos años, el ayuntamiento de Castro de Rei decidió ponerle el nombre de mi padre a una calle en homenaje a sus actos. Entonces, hicieron una evaluación de su gestión y lo que descubrieron es que le sobraban méritos. Así que allá está, la Rua Severino Rivas.

– ¿Por qué actos lo distinguieron?

–Mi padre le daba algo de propiedad (de tierras) a la gente que no tenía nada que comer para que sembraran. Porque España fue un país feudal y se pasó hambre, aunque no lo dice nadie. Los únicos que comían eran los curas, los militares y los señores feudales. Estaba lleno de gente con tuberculosis. A mi padre primero lo procesaron por revolucionario porque no permitió que la gente pagara impuestos en una feria. El recaudador le preguntó por qué se metía y él respondió: “Pero si esta gente no vendió nada, ¡cómo le vas a pedir los impuestos y encima aumentados!”. Entonces el recaudador llamó a la Guardia Civil, que llegó a caballo, montando de a dos, y para reprenderlo, lo atropellaron. Mi padre no era hombre que se dejara tratar de esa forma, así que los bajó de la montura a los golpes.

La conclusión del asunto: lo llevaron a la cárcel.

– ¿Cómo se enteró de su asesinato?

– A los 17, por carta. Yo sabía que algo así podía pasar porque los militares en España siempre son los mismos: estudian para matar y casi toda la vida se les concreta la idea. Es un defecto de nacimiento, y no sólo de los españoles. Peor, si después no se condenan sus crímenes. En la Universidad de Salamanca me preguntaron si yo perdonaba a España… Y si perdonar significa callar u olvidar, no, yo no perdono. Yo acuso. Porque a España no le debo nada y porque si hago esto es por esperanza, jamás por rencor. Por eso, si el juicio no fuera bien o hubiera problemas, yo voy a renunciar a la ciudadanía española con una declaración por la permanente injusticia que se vive todavía

Actividad

a) Lee este artículo. Para entenderlo mejor, relee sobre la Guerra Civil Española.

b) ¿Cuáles eran las actividades de Severino Rivas y por qué fue asesinado?

c) ¿Qué hizo Darío Rivas por su padre y qué está haciendo en este momento?

d) ¿Cuáles son los fundamentos de su accionar?

e) Analiza si esta historia puede ser considerada historia reciente. Analiza los requisitos de la misma.

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