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Clase 4 – La investigación multidisciplinar

La historiografía (es decir, la escritura de la historia o los escritos sobre historia) que existe acerca del pasado reciente tiene múltiples escritores, que provienen de diversas disciplinas, no sólo del campo de la historia. El historiador Roberto Pittaluga (Pittaluga, 2007) considera que un texto tiene carácter historiográfico cuando se trata de un escrito no ficcional que pretende encontrar, otorgar y/o construir sentido sobre el pasado. Es historiográfico más allá de que quien lo escriba sea historiador o provenga de otro campo, y de que responda o no a las pautas que la comunidad científica de los historiadores establecen en un momento determinado.

Quienes actualmente se destacan por sus aportes a los estudios de historia reciente son periodistas (Horacio Verbitsky, Gabriela Cerruti, Osvaldo Bayer), sociólogos (Silvia Sigal, Manuel Garretón, Elizabeth Jelin), jurisconsultos (Baltasar Garzón), antropólogos (Ludmila Da Silva Catela), politólogos (Enzo Traverso), economistas (Pedro Paz, Jorge Schvarzer), doctores en Filosofía (Alfredo Pucciarelli), psicólogos (Hugo Vezzetti) además de historiadores (Roberto Baschetti, Pablo Pozzi, Hilda Sábato), críticos literarios y otros. Y participan de la escritura o de la oralidad o de la expresión artística y de la difusión organismos de Derechos Humanos como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, HIJOS, Nietos, ex combatientes de Malvinas y distintos sectores de la sociedad.

Actualmente hay más historiadores que tratan de investigar la historia reciente. Por supuesto, se reciben críticas: algunos consideran que estos trabajos responden a una “moda”; otros lo interpretan como una cuestión de oportunismo para conseguir becas, subsidios para investigación o participación en jornadas; también se afirma que toman esos temas para narrar su experiencia o porque tienen la facilidad de poder entrevistar a testigos… Sin embargo, hay que reconocer que existe una demanda social para que se investigue lo mejor posible el pasado reciente, tan traumático para los países del Cono Sur. Esta necesidad produjo un auge de memorias biográficas, documentales, novelas, e investigaciones periodísticas, antropológicas, sociológicas e incluso del campo de la psicología

El aporte de la biología a la investigación:

El ADN como herramienta

Por Andrés Gabor, sintetizado de Una tumba para los Romanov y otras historias con adn, de Raúl Alzogaray. Siglo XXI, 2004

Actualmente sabemos que la molécula de ácido desoxirribonucleico (conocida por su sigla ADN) es la que brinda la receta para la “construcción” de todo ser vivo y que también determina las características de sus descendientes. ¿Pero de qué forma se transmiten las instrucciones de padres a hijos? ¿Qué son los genes? ¿Para qué sirven las proteínas?

La ciencia que estudia estos temas es la biología molecular, que nació cuando se comprendió que son los genes los que contienen la información para fabricar las proteínas.

Las proteínas son vitales para todo organismo: forman parte de la estructura celular, facilitan las reacciones indispensables como la respiración y la digestión, defienden al organismo de la invasión de bacterias y virus y varias funciones más.

La ingeniería genética, la joven tecnología que permite estudiar y manipular al ADN, ha revolucionado los conocimientos sobre la vida y posibilitado la creación de organismos hasta ahora inexistentes. Pero también nos ha brindado una herramienta que nos permite estudiar la historia de los seres que han habitado nuestro planeta, entre ellos el ser humano.

Con la utilización de diversas técnicas de laboratorio es posible, a partir de una muestra del ADN de una persona, obtener una serie de bandas en una placa radiográfica (que al igual que la huella dactilares) son únicas para cada individuo y se transmiten de padres a hijos. Este método se conoce como la huella digital del ADN. Las aplicaciones de esta técnica son muy variadas y permiten resolver problemas hasta ahora insolubles como, por ejemplo, determinar relaciones de parentesco. De esta forma es posible dilucidar los casos de paternidad en muchos reclamos judiciales. En los estudios forenses se usan para encontrar a un criminal a partir de un resto de sangre, semen o cabello encontrados en la escena de un crimen. Asimismo, permite determinar la inocencia de personas sospechosas y de algunas que incluso han sido juzgadas y han pasado varios años en la cárcel. En los Estados Unidos la prueba del ADN ha permitido a más de cien personas condenadas a muerte recuperar su libertad a partir de la demostración de su inocencia.

Una aplicación muy importante en nuestro país es la recuperación de los hijos de desaparecidos durante la última dictadura militar. Muchas de las mujeres secuestradas estaban embarazadas y dieron a luz en cautiverio sin que se supiera el destino de esos chicos. La organización Abuelas de Plaza de Mayo se encuentra hace años en la búsqueda de esos nietos cuya verdadera identidad ha sido cambiada por los apropiadores. Gracias al estudio del ADN se han podido identificar más de 100 chicos y jóvenes en esa condición. Pero todavía falta encontrar a otros 400 nietos apropiados.

En el año 1987 se creó el Banco Nacional de Datos Genéticos que funciona en el Hospital Durand de la ciudad de Buenos Aires. Allí se guarda la información genética de miles de familiares de desaparecidos que han entregado voluntariamente muestras de su sangre para permitir el cotejo actual y futuro de su ADN con el de jóvenes que buscan a su vez a sus familiares.

Relacionado con las consecuencias del genocidio producido por la última dictadura, la huella digital del ADN se utiliza asimismo para la identificación de restos humanos encontrados en tumbas colectivas o anónimas. Esto ha permitido hallar a personas desaparecidas en Argentina en el período en la década de 1970 y 1980. Esta tarea la inició el Equipo de Antropología Forense, pionera en el mundo en este tipo de investigaciones. Para esto también se utiliza la información guardada en el Banco Nacional de Datos Genéticos. En los últimos años este procedimiento también se ha comenzado a usar en otros países latinoamericanos que sufrieron autoritarismos similares.

Homenaje de sus compañeros en el entierro de un detenido-desaparecido identificado

Roberto Héctor Olivestre fue identificado este año [2009] gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Tenemos todo aquello que dicen sus restos 33 años después de su asesinato y un NN que ya no lo será, porque ahora una lápida tendrá su nombre y su apellido, como debe ser. […] Con su nombre rescatado del olvido, para ser memoria viva, el compañero ha vuelto a su Lanús querido para cerrar su larga ausencia. Fue salir del anonimato que es ser NN, es devolverle su identidad. […] Sus restos se lograron identificar gracias a la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas que cuenta con el apoyo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y de otros organismos internacionales.

¿De dónde venimos?

El ser humano contiene en el núcleo de casi todas sus células 23 pares de cromosomas (46 cromosomas en total), largas moléculas de ADN y proteínas. En cambio los óvulos y espermatozoides tienen solo 23 cromosomas (uno por cada par). Cuando se produce la fecundación se unen los 23 cromosomas del padre con los 23 de la madre, dando nacimiento a una nueva molécula de 46 cromosomas, constituido con el aporte del 50% de información genética de cada progenitor.

Esta es la razón por la cual heredamos características tanto de nuestra madre como de nuestro padre y el cruce entre personas de orígenes diversos (etnias diferentes) contribuye a la diversidad genética.

Sólo el par 23 es determinante del sexo. En las mujeres dicho par está formado por dos cromosomas iguales llamados XX. En cambio en los hombres son distintos, son el par XY. Cuando un espermatozoide X fecunda un óvulo (que únicamente puede ser X), originará a una mujer (nuevo par XX). En el caso que un espermatozoide Y fecunda a un óvulo se tiene como resultado un hombre (nuevo par XY). Así podemos ver que los cromosomas Y se heredan únicamente por línea paterna.

Utilizando el rastreo del cromosoma Y podemos ir para atrás en el tiempo y conocer a nuestros antepasados, estudiar por ejemplo sus migraciones. Byran Sykes, un científico europeo, estudió a una momia de 5.000 años de antigüedad hallada en los Alpes italianos llamada el Hombre de los Hielos de Tirol (porque fue encontrada dentro de un bloque de hielo). Comparando la secuencia del ADN de la momia con la de donantes voluntarios descubrió que coincidía exactamente con la de uno de ellos. Cuando revisó los archivos se encontró con la sorpresa que la persona en cuestión era una amiga suya. Desde entonces su amiga empezó a ver a la momia como un pariente.

Este mismo científico estudió los restos fósiles del Hombre de Cheddar de 9.000 años de antigüedad desenterrados en 1903 en una caverna de Inglaterra. El análisis del ADN comparado con alumnos y profesores de un colegio de la zona determinó una coincidencia exacta con tres alumnos y una casi exacta con el profesor de Historia.

Encontramos a las Evas

Las mitocondrias se encuentran en el citoplasma de las células vegetales y animales. Permiten la respiración celular y contienen ADN. Pero este ADN no es exactamente igual al del núcleo de la célula. El ADN mitocondrial se transmite casi exclusivamente (existen excepciones) por vía materna. De esta manera, de forma similar al cromosoma Y en las descendencias paternas, se pueden estudiar a las sucesivas generaciones por medio de la herencia materna.

Un artículo científico publicado en 1987 en la revista Nature fue el origen de largas controversias. Los autores, encabezados por Allan Wilson, publicaron sus investigaciones a partir del estudio de más de 130 muestras de ADN mitocondrial tomadas en distintas partes del mundo. Los resultados obtenidos indicaban que las mitocondrias de los seres humanos que habitan la Tierra descienden de una mujer que vivió en África entre 140.000 y 290.000 años atrás. La prensa la bautizó Eva, lo cual generó una discusión entre varios científicos que discreparon con la investigación y sus conclusiones.

Otro estudio similar dirigido por Byran Skykes se dedicó más específicamente a la población europea. Sus conclusiones mostraron que el 95% de la población europea actual desciende de siete madres que conforman siete grupos genéticos mitocondriales. Las bautizó con nombres exóticos (Úrsula, Xenia, Helena, Velda, Tara, Katrine y Jasmine) y en conjunto las llamó las siete hijas de Eva.

Distintos estudios, tanto del ADN mitocondrial como del cromosoma Y, en miles de personas han enriquecido la información sobre los orígenes de la humanidad. La mayoría de los resultados señalan a África como el continente que dio origen al hombre moderno. Sin embargo existe una corriente que señala un origen multirregional, es decir la aparición de las características humanas modernas en distintas partes de África, Asia y Europa durante los dos últimos millones de años.

Las distintas investigaciones continúan y contribuyen en la resolución de este gran misterio que es nuestro origen, en el cual hemos avanzado en pocos años en forma espectacular gracias al conocimiento de nuestro propio cuerpo: la información genética.

HISTORIA Y MEMORIA

Existe confusión entre los conceptos “historia” y “memoria”, quizás porque la historia de los aficionados está muy cercana a la memoria, si no plenamente identificada con ella, o porque la historia oficial estuvo durante mucho tiempo ligada a la memoria de las clases dominantes.

Paul Ricoeur afirma que la memoria marca huellas en las personas, que se registran intelectualmente y que pueden volcarse por escrito o en el habla; también marca huellas en el alma, e improntas corporales, cerebrales, corticales, de las que tratan las neurociencias.

La historia, para Marc Bloch, es una ciencia por huellas, que encuadramos en el primer tipo de huellas, porque los historiadores no somos ni psicólogos ni médicos.

La memoria que está relacionada con la historia no es la que hace que la gente simplemente se acuerde de cosas, sino la que es producto de un ejercicio de memoria, tratando de recordar. La memoria así es el recuerdo, la reconstrucción que un individuo o un grupo más o menos numeroso (memoria colectiva) mantiene de un hecho o de una época. Es selectiva, fragmentaria y parcial: responde a los intereses o a los sentimientos de alguno de los distintos sectores de la sociedad. Es subjetiva: es de alguien, sea ese “alguien” una persona o una comunidad.

La historia, en cambio (según definición de Marc Bloch) es “una ciencia de los hombres en el tiempo, y que incesantemente necesita unir el estudio de los muertos al de los vivos”. Si la memoria de lo acontecido fuera exactamente igual a lo que realmente sucedió, el rol del historiador no tendría sentido. El historiador necesita tratar de despegarse del entorno en el que vive y de la memoria colectiva que lo domina o circunda a fin de realizar su investigación científica lo más objetivamente posible. En el nivel de producción, la comunidad profesional de historiadores es la que define las normas de cientificidad propias de la investigación histórica.

Terminado el trabajo de investigación, su difusión por medio de publicaciones destinadas al gran público o a través de la enseñanza, contribuye a que se integre en la memoria; participa en su enriquecimiento.

Es indispensable que la memoria –o mejor, las memorias– sean tenidas en cuenta para hacer una historia científica totalizadora, ya que vivimos “en un mundo en que el arte de administrar los silencios es una constante necesidad estratégica y una ‘segunda naturaleza’”.

Con las palabras de Enrique Florescano:

“Si para los poderosos la reconstrucción del pasado ha sido un instrumento de dominación indispensable, para los oprimidos y perseguidos el pasado ha servido como memoria de su identidad y como fuerza emotiva que mantiene vivas sus aspiraciones de independencia y liberación.”

Teniendo en cuenta estos aspectos, Noiriel afirma que “es posible definir la historia como el conjunto de actividades de saber, de memoria y de poder en las que están implicados todos los individuos que ejercen el ‘oficio’ de historiador.”

¿Qué es la memoria?

La memoria es una de las funciones centrales de la actividad intelectual, y es la base del conocimiento. Mientras que el aprendizaje es el proceso de adquirir nueva información, la memoria sirve para la persistencia del aprendizaje, a fin de que éste pueda ser utilizado más tarde.

La memoria es el proceso cognitivo que permite a una persona almacenar la información que recibe a través de los sentidos para su recuerdo y su utilización en situaciones posteriores. En forma sencilla, hay tres funciones cerebrales de este proceso que son las de registro, fijación y conservación de la información, y la de evocación, restitución o recuperación.

Las personas tienen distintos tipos de memoria: memoria de corto plazo, de largo plazo, memoria para hábitos y habilidades (como nadar, andar en bicicleta), memoria emocional (ligada especialmente al miedo).

Las memorias pueden ser privadas (que no trascienden a una familia o a su círculo de conocidos) o públicas (cuando se exponen para buscar justicia o conocer la verdad de lo acontecido), individuales o colectivas.

Sin embargo, Hugo Vezzetti afirma que la dinámica social tiende a excluir y separar las memorias aisladas. No existe una memoria individual pura, ya que el individuo preserva y recupera sus recuerdos en sociedad. Pero los diferentes grupos “tienen en verdad diferentes pasados y por lo tanto diferentes memorias” (Vezzetti, 2007).

La sociedad entera tiene el derecho de memoria: surge en el trabajo de periodistas, escritores, poetas, historiadores, analistas políticos, abogados, obispos, profesores, parlamentarios, jueces, protagonistas, víctimas.

Con las palabras de la historiadora chilena Elizabeth Lira:

“La disputa sobre el pasado, desplegada en los últimos treinta y cinco años, ha sido una disputa por la memoria que ha de prevalecer. La disputa se ha producido en la selección de los hechos y de las interpretaciones, y en el intento de darle una racionalidad y una justificación plausible que pudiera identificarse con el bien común. Pero, las “memorias” en la sociedad no se anclan en la “objetividad de los hechos”. Resuenan en las intensas emociones vividas asociadas a esos hechos… en los miedos y las angustias invasoras… en la imposibilidad de poner palabras a lo vivido, en el vacío de las pérdidas, en los duelos imposibles. La disputa se ha producido también en espacios públicos y privados.”

Memoria y trauma

Al mismo tiempo, más allá del tema de la justicia, el trabajo de la memoria tiene funciones terapéuticas. Según Vezzetti (2009) “la cuestión más relevante que se plantea, en relación con las significaciones del pasado como trauma, es la condición activa o pasiva de la memoria: hay, en cierto modo, una oposición entre la figura del trauma (sufrido pasivamente) y la idea de un trabajo de la memoria. Cuanto más se destaca la figura del pasado traumático, menos recursos quedan para las formas de rememoración que impliquen una renovación del pasado.”

Paul Ricoeur, al referirse al nivel patológico-terapéutico cuando la memoria no se puede desarrollar, explica la oposición entre el duelo y la melancolía. Cuando el duelo se realiza, la prueba de la realidad, sin disminución del sentimiento en sí, muestra que el objeto amado ha dejado de existir, aunque se produce una rebelión comprensible a la renuncia de ese vínculo. El trabajo del duelo es el costo del trabajo del recuerdo, pero el recuerdo beneficia al individuo que vuelve a estar libre y desinhibido. La melancolía, en cambio, hace que el individuo caiga bajo su propio abatimiento, reaparecen las escenas sin reelaborar.

Para superarla, se debe trabajar sobre lo que se impone del pasado y darle sentido. En nuestro pasado de violencia es importante un trabajo de colectivo de memoria; puede haber responsabilidades por el pasado, hay acciones posibles sobre esas huellas. El trabajo en la construcción de la memoria colectiva sobre el pasado dictatorial es indispensable: las luchas se dirimen en el campo de la historia y en demandas sociales de justicia.

Trauma (psíquico): acontecimiento que amenaza profundamente el bienestar o la vida de una persona o de un ser muy cercano, o consecuencia de ese hecho en el aparato o estructura mental o vida emocional de la misma, que implica miedo intenso, sentimiento de incapacidad para ejercer control u otras reacciones.

En Argentina, integrantes del Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos Dr. Fernando Ulloa trabajan en la reparación del daño y acompañamiento a víctimas del terrorismo de Estado. Consideran que el daño no es sólo en los bienes materiales sino en cuanto a su persona, ya que toda persona es un proyecto de vida y lo que afecte a ese proyecto configura un daño a la persona. Los profundos problemas aparejados por la desaparición y la apropiación de bebés son mayores que el concepto original de trauma, que refiere a un hecho disruptivo (que produce una ruptura brusca en la vida de la persona). En nuestro pasado reciente, las situaciones padecidas por las víctimas de terrorismo de Estado se prolongaron en el tiempo y contienen muchos episodios puntuales disruptivos. En el caso de los procesos de restitución de identidad de jóvenes que fueron niños apropiados durante la dictadura, el “episodio traumático” es en realidad un proceso en el cual ha transcurrido buena parte de su vida. En el caso de familiares de desaparecidos, o de familiares que buscan a los niños apropiados, el hecho tiene continuidad en el presente y no cesa de ocurrir; de allí que, en el ámbito jurídico, se los considere delitos imprescriptibles. Así como para la Justicia estos crímenes son imprescriptibles, también lo son para la salud mental, dado que el hecho traumático no cesa de ocurrir y que el padecimiento no se limita al hecho traumático. Es por eso que el trabajo con la memoria es fundamental para la integridad psíquica de las víctimas.

LUGARES DE MEMORIA

La memoria se sostiene en lugares, donde, para Pierre Nora (1984), se cristaliza y se refugia. Estos lugares de la memoria en general son restos, pero también pueden ser obras de arte o construcciones especiales para resguardarla, como museos o archivos, plazas y parques, monumentos, monolitos, placas recordatorias, baldosas por la memoria, murales o simples pintadas, grafitis o esténciles, nombres de calles, escuelas, aulas… También lo son los cementerios, las colecciones, los actos, las fiestas, los aniversarios, los tratados, las causas judiciales.

Debemos tener en cuenta que, así como existe una disputa por qué se recuerda del pasado y cómo se escribe la Historia, también hay una tensión permanente en los lugares de memoria que son significativos para gran parte de la población y lo que piensan sobre ellos otros sectores. En numerosos casos la confrontación ideológica se muestra en esos mismos lugares de la memoria: por ejemplo, los que no quieren los juicios contra los represores en ocasiones destruyen las marcas de memoria que recuerdan a los desaparecidos por la última dictadura de la Argentina. Según Pierre Nora, “si lo que defienden no estuviera amenazado no habría necesidad de construirlos”.

Arriba: Monumento de Roca escrachado.

Al medio: Monumento de señalización del Centro Clandestino El Chalet del Hospital Posadas

Abajo: El Aplauso, de Mariana Gabor en homenaje a los Actores Desaparecidos durante la última dictadura militar (2001-2002)

Página/12, 10/12/2011

Un lugar de memoria en Santa Cruz

Por Osvaldo Bayer

A noventa años de los fusilamientos de peones rurales en la Patagonia. Muerte injusta en el paraíso. Allí, cerca de uno de los paisajes más hermosos del mundo, esos pobres trabajadores de la tierra que pedían tan poco fueron asesinados por el Ejército Argentino, por orden del teniente coronel Héctor Benigno Varela, jefe del 10 de Caballería, por el bando de pena de muerte otorgado por el presidente Hipólito Yrigoyen, en 1921.

Estamos frente a la tumba masiva en la estancia La Anita, en Santa Cruz. A doscientos metros de ella, la construcción muy humilde que los recuerda. Allí realizamos el acto, como todos los años en esta fecha. El 8 de diciembre. […] Se había cometido el mayor crimen contra los trabajadores de la tierra de nuestra historia. Pero las pruebas quedaron. Ahí están las tumbas masivas en todo el territorio santacruceño. Todas están ya marcadas. El pueblo les lleva flores. Se los acaba de recordar. En cambio, para los fusiladores no hay ningún homenaje. Los estancieros, los beneficiados, miran hacia otro lado, para ellos la historia no existe.

Actividad

  1. Leé este fragmento del artículo de Osvaldo Bayer. Piensa ¿qué importancia tiene ese lugar actualmente?
  2. Buscá fotos e investigá sobre sitios de memoria que conozcas.
  3. Investigá sobre qué calles cambiaron de nombre en tu municipio desde que volvió la democracia. Se debería averiguar si se cambiaron denominaciones de calles, por qué se hicieron, cuáles fueron reemplazadas, por qué se eligieron a ésas para sacarles el nombre y ponerles otro, y por qué se les puso el nuevo nombre

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