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Clase 5 – Midamos el tiempo – Calendarios, siglos y milenios


📌 Establecimiento de relaciones entre diferentes unidades cronológicas

Para el hombre y su comunidad siempre fue muy importante la medición del tiempo, tanto sea por la sucesión de las estaciones –este conocimiento era indispensable tanto para la siembra y la recolección de vegetales como para la parición y cría de los animales domésticos– como por los rituales religiosos y la historia/memoria de su evolución como civilización en el tiempo, que le dan características de identidad a su propio pueblo.

Calendario maya.

Calendario azteca.

📆 Calendarios y eras

A fin de ubicarse en el tiempo, los pueblos diseñaron calendarios en base a la traslación de la tierra alrededor del sol (año), teniendo en cuenta la rotación de la luna alrededor de la tierra (mes lunar) o combinando ambas observaciones astronómicas. Así se podían situar los días en el año. Para tener una referencia en el antes y el después, se debió elegir un acontecimiento que se considerara fundamental y fundacional en una cultura determinada, para instalarlo como inicio del conteo, es decir, como año cero o uno. De este modo surgieron las eras cronológicas.

Los egipcios contaban los años a partir de la coronación de cada faraón (por ejemplo, año 5 del rey Kheops). La era romana comenzaba con la fundación de Roma; la griega contaba a partir de la primera Olimpíada, en períodos de cuatro años; la judía, a partir de la supuesta fecha de la creación del mundo; la musulmana, a partir de la peregrinación de su profeta Mahoma. Actualmente, para uniformar las fechas, como convención internacional todos los países usan la era cristiana, también denominada era común. Esta era se comenzó a utilizar en el siglo VI después de Cristo, calculando el nacimiento de Jesús en el año 753 de la era romana, y estableciendo ese año como “año uno”.

⏳ Años, siglos y milenios

La numeración de la era común o cristiana es creciente hacia el futuro y decreciente hacia el pasado; por eso los años anteriores al “año uno” se denominan “antes de Cristo” y se escriben “a.C.” o “a.e.c.” (antes de la era común) o simplemente se expresan con números negativos (“-54”), y los posteriores a veces aclaran “d.C.” (después de Cristo), o “e.c.” (era común) o simplemente no especifican nada.

Si hablamos de acontecimientos, en general mencionamos el año en que ocurrieron, pero si nos referimos a hechos de mediana o larga duración, agrupamos los años en siglos (conjunto de cien años) o en milenios (conjuntos de mil años). El primer siglo comienza en el año 1 y finaliza en el 100, el segundo en el 101 y finaliza en el 200, y así sucesivamente. Por convención, para expresar los siglos se utilizan números romanos, y para los años simplemente los números comunes que empleamos actualmente, es decir, los arábigos (1, 2, 3, 4…).

🔊 Rarezas del reloj

Entrevista a David Harvey, Clarín, 1997

“La división exacta del tiempo es algo artificial que modificó la vida de la gente y de las ciudades”, explica David Harvey. Asegura que recién en el siglo XII se consideró la hora como algo importante; por otra parte, los minutos empezaron a ser contados apenas 300 años atrás. Hasta fines del siglo XIX, Francia tenía muchas horas distintas: cada pequeño pueblo usaba una hora local ligada a algún viejo reloj solar. El paso del tren exigió una unificación, pero durante un tiempo muchas ciudades tenían dos horas: la propia y la del tren.

En muchos países no occidentales también se adoptaron medidas eficientistas basadas en el manejo del tiempo. Pero los cambios de horarios iban en contra de algunas tradiciones religiosas. Los musulmanes, por ejemplo, rezan varias veces por día y cuando el Sha de Persia incorporó los horarios fijos se creó un gran conflicto, porque la interrupción que la gente exigía para sus rezos chocaba con la lógica de la labor cronometrada.

Reloj de sol.

Reloj de arena.

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