🌍 Cambio climático y adaptaciones humanas
(National Geographic, verano de 2003)
“Un cuerpo bajo y grueso retiene mejor el calor que uno alto y esbelto. Los preneandertales podrían haber heredado su constitución alta de los primeros humanos que dejaron África; los neandertales “clásicos” de las glaciaciones posteriores eran más bajos. Los humanos modernos primitivos –tal vez también de África– eran altos y de piel más oscura. El inuit (esquimal) actual muestra adaptaciones al frío, como el tórax en forma de barril. Como los actuales habitantes de las tierras árticas, los neandertales tenían miembros cortos y cuerpos rechonchos. ‘En climas fríos se necesita un núcleo corporal grueso para retener la temperatura, y una superficie relativamente pequeña por donde perderla’, dice Erik Trinkaus, de la Universidad de Nuevo México.”

El hombre del paleolítico caminaba largas distancias en búsqueda de alimentos, y muchos grupos también fueron buenos navegantes. De este modo llegaron a Australia hace por lo menos 55.000 años (tuvieron que atravesar más de cien kilómetros de mar abierto) y a América hace como mínimo 25.000 años (aunque hay grandes diferencias de datación en algunos restos por lo cual hay estudiosos que extienden la antigüedad a 60.000 o 70.000 años).
El clima global de la tierra se fue enfriando en los últimos cuatro millones de años hasta la actualidad. Sin embargo, el descenso de la temperatura no es lineal, sino que se han alternado épocas muy frías, en las cuales los glaciares avanzan –conocidas como glaciaciones– con períodos cálidos o interglaciaciones. La última glaciación comenzó hace un poco más de 70.000 años, y duró más de 50.000 años. Los hombres de Neandertal vivieron durante unos 200.000 años cerca de los glaciares: cuando estos retrocedían hacia el norte, ellos también se trasladaban. Hace unos 40.000 años los hombres modernos –homo sapiens sapiens– ocuparon Europa, tras haber logrado fabricar mejores útiles y desarrollado su lengua y su arte. Unos 10.000 años después de la llegada del homo sapiens sapiens, los neandertales se extinguieron por razones que se desconocen.
👥 De las bandas o clanes a las jefaturas en el Paleolítico
El hombre es un ser social, porque puede desarrollarse plenamente en sus capacidades cuando vive con otros seres humanos, recibiendo, creando y transmitiendo cultura. Cuando sus recursos eran escasos, el hombre vivía en grupos pequeños (probablemente conjuntos de treinta a cien personas), nómades (sin vivienda permanente), llamados bandas.
A América, por ejemplo, llegaron bandas de cazadores de mamíferos de gran tamaño (como el mamut, hoy extinguido) que luego se alimentaron de otros animales, como los venados, osos y castores.
En el momento en que la base para la organización de los grupos fue la relación de parentesco, se formaron los clanes. Esto implicaba una evolución en la sociedad, porque los seres humanos debieron tomar conciencia de su relación como familia, y unirse en muchos casos en torno a un antepasado común. Las comunidades que practican la exogamia (la unión entre miembros de distintos grupos, clanes o aldeas) como modelo cultural de parentesco, tuvieron mayor posibilidad de supervivencia que las sociedades endogámicas (casamiento dentro de una misma unidad social).
A medida que las bandas iban alcanzando un mayor número y su organización se hacía más compleja aparecieron nuevas formas de organización como las jefaturas. ¿Cómo se dio ese proceso? El desarrollo de la horticultura y, después, de la agricultura produjo un cambio en la mentalidad de los poseedores de tal “descubrimiento”. El ser humano ya no pertenece a la tierra (como las bandas nómadas creían y creen) sino que la tierra en la que se asienta de manera estable comienza a “pertenecer” (como posesión) al ser humano. El territorio que se cultiva pasa a concebirse como propio y hay que defenderlo de presuntos invasores… Esta compleja labor debe ser organizada por alguien, un líder o jefe, que cohesiona las tareas, las organiza y dirige. Con el tiempo este “Gran Hombre” comienza a quedarse con más, a guardar el excedente, y a abandonar el trabajo físico. Paralelamente a esto, el grupo ha ido aumentando demográficamente. Crece la población, hace falta más producción y, para ella, más mano de obra.
A partir de aquí comienza a visualizarse cierta especialización, tanto en el ámbito del trabajo como en el del poder. El excedente que la agricultura permite obtener y, muy importante, almacenar, es otro factor de suma importancia en el camino hacia la formación de los Estados originarios.

Imágenes que representan la vida en el Paleolítico
🎨 La cultura en el Paleolítico
Hace aproximadamente un millón y medio de años el homo erectus había descubierto el uso del fuego, y tallaba piedras. Formaba, probablemente, campamentos al aire libre (aunque también hubo grupos que ocuparon cuevas), y se desplazó en las distintas estaciones según su necesidad de recolección o de caza.
Las comunidades que vivían cerca de las playas construían viviendas de ramas, ya que el mar les proporcionaba alimentación durante todo el año y no debían trasladarse. Se encontraron habitaciones (fechadas en medio millón de años) de forma ovalada, de unos ocho metros de longitud por cuatro de ancho, con un hogar en el centro en forma de hoyo en la arena y rodeado por piedras.
Los hombres de Neandertal vivieron en épocas muy frías, por lo que buscaron refugio en cavernas, cuyas entradas cubrían con muros de piedra; en las cuevas más grandes construyeron habitaciones separadas, que calentaban con fogatas. Con el sílex (piedra muy dura) hicieron hachas de mano, puntas de lanzas e instrumentos para cortar, despedazar y raspar. Los neandertales no tenían armas de distancia, por lo que salían a cazar animales grandes en grupo, rodeando a la presa, conociendo previamente sus costumbres y aprovechando su conocimiento del relieve. Es decir que eran seres sociales, que tenían un lenguaje con el que se comunicaban, aunque no fuera tan elaborado como el actual.
De esta época datan las primeras sepulturas que, al estar acompañadas por utensilios de su vida cotidiana, demuestran que estos seres humanos estaban desarrollando ideas o creencias sobre la vida más allá de la muerte. Los enterramientos fueron evolucionando hacia formas más complejas: los muertos fueron acompañados por flores, por adornos personales y por estatuillas y grabados.
El arte paleolítico se conoce gracias a las pinturas rupestres (monocromas, bicromas y policromas) y grabados en las paredes de cavernas (arte parietal) o en elementos de piedra (arte mobiliar).

Una escena de caza pintada (arte rupestre)
Las cuevas pintadas más famosas son las europeas, como las de Altamira en España y las de Lascaux, Cap-Blanc y Rouffignac en Francia, pero también se localizó arte rupestre de este período cultural en Asia, África, América y Australia. Además fueron encontrados grabados en caracoles, cantos rodados, huesos, astas de renos y otros animales, estatuillas modeladas en cerámica y esculturas talladas en hueso, marfil, asta y piedra.
Estas obras de arte –algunas muy refinadas, de líneas estilizadas– demuestran la habilidad, el conocimiento técnico y el sentido estético de los hombres del Paleolítico, así como la necesidad de expresión de un pensamiento profundo o de una espiritualidad compleja.
Su sentido sólo se puede deducir, sin tener certezas: es probable que las escenas de caza de las cuevas, o la representación de animales heridos, atacando o huyendo, tengan que ver con ritos propiciatorios (es decir, que favorezcan la caza); que las estatuillas femeninas (llamadas “Venus” por los arqueólogos) con busto y abdomen prominente estén relacionadas con ritos de fecundidad o con “diosas-madres”, pero tal vez sean la exteriorización de un sentimiento artístico que el hombre tuvo desde sus épocas más antiguas.

Cueva de las Manos, río Pinturas, provincia de Santa Cruz, Argentina

Venus de Willendorf
🔥 El uso del fuego
Los primeros grupos humanos usan el fuego para cazar y para modelar su entorno. La quema de pastizales, el incendio de bosques, se practican desde el fondo de los tiempos para aterrorizar a las piezas de caza, concentrarlas y llevarlas hacia una emboscada o despeñarlas en un barranco. Mientras unos cazadores prenden el fuego, otros esperan en un escondite.
Hay indicios que sugieren que así se extinguió el rinoceronte lanudo europeo, hace unos catorce mil años. Sus osamentas cubren los campamentos trogloditas de esa época. De un modo semejante se extinguieron el rinoceronte de Merk, el oso gigante de las cavernas y el gran ciervo de las turberas. Las grandes batidas de caza con ayuda del fuego provocaron una enorme mortandad en las tropillas de caballos salvajes y bisontes que frecuentaban las llanuras euroasiáticas.
Hace quince mil años se extinguió en Australia, muy poco después que llegaron los hombres a ese continente, un roedor gigante. Un poco más tarde, desapareció el mamut del norte de Europa y de América, y pronto lo siguió el bisonte antiguo, aparentemente eliminados por nuestros antepasados. De sesenta y nueve especies de grandes mamíferos que había en Europa en el pleistoceno, quince habían desaparecido a fines del paleolítico, con indicios de intervención humana en casi todos los casos.
Pero no desaparecieron porque los hombres se los hayan comido a todos, ya que los humanos no eran tantos. Pensemos que en los ecosistemas más favorables había apenas una persona cada diez kilómetros cuadrados. La mayor parte de estos animales desapareció por no haber podido adaptarse a los cambios que el fuego reiterado provocó en los ecosistemas.
Desde el paleolítico, el fuego fue la herramienta usada para abrir estos espacios cerrados. En el sudeste asiático, en Costa de Marfil, en Brasil o las Guayanas, los incendios para cazar alteran el paisaje, lo transforman de bosque en sabana. Los extensos territorios del Chaco argentino-paraguayo deben su nombre a una expresión indígena que significa «caza con fuego». Hace mil años, los habitantes de América del Norte comenzaron a extender las praderas, preparando las tierras para el tránsito de los bisontes.

El uso del fuego
La frecuencia de incendios impide reconstruir el bosque y finalmente se estabiliza un ecosistema diferente. Lo reemplaza un amplio pastizal con arbustos y algunos árboles dispersos. Tienen más chances los árboles adaptados al fuego: en la región pampeana, el ombú y el chañar tienen ventajas sobre las otras especies. El primero es prácticamente incombustible; el fuego activa las raíces del segundo y estimula los rebrotes. En otras partes, se forman y amplían bosques de palmeras, ya que la circulación de estos árboles los hace resistir mejor los incendios.
El ecosistema entero se adapta a un ritmo de fuegos periódicos. Desaparecen algunos grandes mamíferos adaptados a vivir en el bosque. Disminuyen las poblaciones de pájaros que anidan sobre los árboles y aumentan las de aquellos que anidan en el suelo. Proliferan los roedores que viven en cuevas: conejos, ratones, vizcachas. Los depredan carnívoros veloces como los zorros o grandes caminadores como los lobos. El tamaño promedio de las especies disminuye. Casi inadvertidamente, por el sólo hecho de frotar dos maderas hasta que aparece una débil columna de humo, el hombre comienza a modificar la Tierra.

